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La evolución del sueño

Por Zach Pearl, PhD
Miembro de Circadin.com

Todos los humanos, animales, insectos y aves tienen un reloj interno, un mecanismo biológico que controla muchas funciones corporales en ciclos de aproximadamente 24 horas. Este ciclo también se conoce como el «ritmo circadiano». Los relojes biológicos afectan a nuestro estado de ánimo, deseos, el apetito, los patrones de sueño y nuestra percepción del tiempo.

Historia del sueño

El horario diario y la cantidad de sueño han cambiado a lo largo de la historia, mientras que los registros históricos indican que el inicio del sueño en la noche estaba determinado por la llegada de la oscuridad, la sociedad moderna ha creado un horario de sueño que está fuertemente influenciado por ambientes protegidos, iluminados artificialmente. Ya sea natural o artificial, la luz es uno de los factores ambientales más importantes que regulan el sueño. En los seres humanos, la luz induce el estado de alerta y modifica un reloj circadiano maestro que regula el horario del sueño1. Por lo tanto, la capacidad de controlar nuestra propia exposición a la luz a través de medios artificiales, es probable que haya alterado cuándo dormimos y por cuánto tiempo.

Los romanos, griegos e incas se levantaban sin notificaciones ni despertadores digitales, pero de forma natural les guiaban las estrellas, el amanecer, el canto de los pájaros y las necesidades agricultoras. Hasta el siglo XIV, se utilizaron relojes de sol y relojes de arena, para ser reemplazados por relojes mecánicos. En el siglo XIX muchas personas usaban relojes, lo que les permite programar citas, cenas o las horas de sueño. Entonces todo cambió a finales del siglo XIX, cuando se introdujo la lámpara. La iluminación moderna ha cambiado nuestras noches inicialmente, y luego nuestro sueño.

El sueño antes de la era industrial

Antes de la revolución industrial y antes de que la iluminación artificial se utilizara ampliamente, el sueño segmentado era la forma dominante de sueño humano en la civilización occidental. Se caracteriza por el sueño en 2 turnos2, llamado el «primer sueño» y «segundo sueño.» En esos momentos, el sueño se asocia más de cerca al anochecer y al amanecer de lo que se hace ahora. Al cabo de una hora después de la puesta del sol, la gente se iba a la cama, dormían durante unas 4 horas y luego se despertaban. Permanecían despiertos durante unas horas y luego se volvían a dormir a las 2 de la mañana durante 4 horas más o menos. Los registros escritos desde antes del siglo I en adelante indican que el período entre el primer y segundo sueño ofrecía una oportunidad para la contemplación tranquila, pero las personas también se levantaban de la cama durante este intervalo y hacían las tareas del hogar, o visitaban a la familia y amigos. Las familias más ricas que podían permitirse la iluminación artificial podían ir a la cama más tarde, por lo que por lo general tenían un sueño continuo.

El primer y segundo sueño comenzó a desaparecer a finales del siglo XVII. Esto se inició en las clases altas urbanas en el norte de Europa y en el transcurso de los siguientes 200 años se extendió hasta el resto de la sociedad occidental.

Sueño moderno

El patrón de sueño que era la norma en el pasado ya no lo es en los países desarrollados donde la luz artificial alarga el día. Los antropólogos, sin embargo, han observado un patrón similar de sueño segmentado en algunas tribus africanas contemporáneas, tales como los tiv del centro de Nigeria, que incluso se refieren a sus patrones de sueño habituales como primer sueño y segundo sueño, igual que los primeros europeos.
En un experimento realizado por Thomas Wehr, ocho hombres sanos fueron confinados en una habitación durante 14 horas de oscuridad cada día durante un mes entero. Al principio, los participantes dormían durante aproximadamente 11 horas, es de suponer que para compensar su deuda de sueño. Después de esto los sujetos comenzaron a dormir tanto como la gente en los tiempos preindustriales. Dormirían durante aproximadamente 4 horas, se despertaban durante 2-3 horas, y luego volvían a la cama durante otras 4 horas. También les llevaba alrededor de 2 horas conciliar el sueño3.

Después de este experimento, Wehr llegó a la conclusión de que este tipo de sueño (llamado sueño bifásico) es el patrón más natural del sueño, y es realmente beneficioso y no una forma de insomnio. Luego agregó que los humanos modernos están crónicamente privados de sueño, lo que explicaría por qué normalmente nos lleva solo 15 minutos dormirnos y por qué evitamos despertarnos durante la noche.

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    • Noviembre, 2017
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